Todo lo que leerás en este libro (y que espero que utilices) es el resultado de más de 12 años de experiencia, formación, educación y observación de los efectos de les diferentes estrategias nutricionales que Fitness Integral ha utilizado con centenares de clientes. En el caso de Dax Moy la experiencia se remonta a más años y a miles de personas que han entrenado con él y sus entrenadores y coaches en los centros que tiene en Londres.

Hemos dedicado mucho tiempo a hablar con científicos, médicos, nutricionistas, osteópatas, naturópatas, médicos especialistas en medicina tradicional china, deportistas profesionales, etc… con el objeto de estudiar y analizar todas las estrategias nutricionales que existen y comprobar la eficacia de las diferentes dietas. Hemos observado que las dietas que realmente son efectivas y que, no solo ayudan a bajar de peso sino que contribuyen a mejorar la salud se basan, todas y cada una de ellas, en dos principios muy sencillos:

1. Eliminan cualquier alimento que el cuerpo humano pueda percibir como tóxico o irritante.

2. Se aseguran que SOLAMENTE se consuman alimentos naturales y frescos.

Son principios muy sencillos y obvios cuando lo piensas. Pero, para la mayoría de la gente estos principios se alejan muchísimo de la realidad de sus hábitos alimentarios.

La mayoría de la gent consume alimentos que están llenos de productos químicos, aditivos, colorantes y conservantes, muchos de los cuales se ha comprobado que son perjudiciales para el cuerpo humano y que causan problemas de salud y, a pesar de todo, los encontramos en nuestros alimentos.
Incluso cuando los alimentos que consumimos parecen naturales y “saludables” como el trigo, la leche y otros, son manipulados y tratados hasta tal punto que el cuerpo tiene dificultades para reconocerlos.
De hecho, cuando los consumimos actúan más como un agente agresor (estresante) que como un alimento.

Seguro que ya sabes de qué hablo. Estoy convencido que has podido comprobar los efectos de los alimentos procesados, llenos de productos químicos pero, por una razón u otra, has decidido ignorar los efectos que te provocan y creer que la culpa es de alguna otra cosa.

Ya sabes a qué nos referimos…
– Digestiones pesadas
– Ardor de estómago
– Cansancio crónico y falta de energía
– Dolor de cabeza y migrañas
– Depresión
– Cambios de humor
– Problemas de piel
– Diabetes
– Y muchos otros síntomas

¡Todos estos y muchos otros síntomas pueden asociarse a la manera de comer!
No somos médicos pero podemos afirmar que tu estado de salud es el reflejo directo del estado de salud de tus células.
Tus células necesitan una aportación constante de macronutrientes (grasas, proteínas y carbohidratos) y micronutrientes (vitaminas y minerales) para poder funcionar correctamente. Si no les proporcionamos la cantidad y la calidad suficiente que necesitan, la salud de les células se verá comprometida.
Cuando las células de un órgano se ven afectadas, entonces todo el órgano queda afectado y cuando un órgano no funciona TÚ te resientes.
Es tan sencillo y complicado al mismo tiempo.

Células sanas equivalen a un cuerpo sano.

Células enfermas equivalen a un cuerpo enfermo.

Si no te acabas de encontrar bien o estás enfermo puedes estar seguro de que tus células han estado afectadas de una manera u otra.
De eso puedes estar seguro.
Todos nos merecemos una vida libre de estos factores negativos y desgraciadamente, cada vez hay más personas que experimentan como mínimo un de estos factores o más de uno cada día.
Y lo más triste de todo es que la mayoría de la gente se acostumbra a sentirse así. Mucha gente acaba creyendo que sentirse mal es normal.
La verdad es que la mayoría de las personas tienen unas expectativas extremadamente bajas sobre cómo se deberían ver, sentir y rendir diariamente y eso es porque mayoritariamente nunca han podido (o no recuerdan) sentirse diferente ni mejor.
Es triste pero cierto que la incapacidad para experimentar una salud extraordinaria es, en gran medida, debido al hecho de fijarse objetivos y metas muy bajas y conseguirlas en vez de apuntar más alto y fallar.

¿Podrías imaginarte tu vida? si…:

  • ¿Si tuvieses suficiente energía como para pasarte todo el día haciendo aquella actividad (física o mental) que tanto te gusta?
  • ¿Si tu vida sexual fuese energética y satisfactoria?
  • ¿Si fueses capaz de afrontar cualquier problema sin tanto estrés, preocupación y ansiedad?
  • ¿Si te viniese el sueño fácilmente, fuese profundo y regenerador y al despertar te sintieses fresco, con nuevas energías y relajado?
  • ¿Si estuvieses enfermo en contadas ocasiones y cuando lo estuvieses fuera de manera suave y te recuperases rápidamente?
  • ¿Si tu musculatura fuese fuerte, elástica y eficiente?
  • ¿Si tus articulaciones fuesen móviles, libres y sin dolores ni molestias?
  • ¿Si tu digestión fuese ligera y sin gases?
  • ¿Si tu piel estuviese radiante, limpia y clara?
  • ¿Si tus cabellos fuertes y sanos?
  • ¿Si te sintieras feliz y emocionalmente estable la gran mayiría del tiempo?

La vida estaría bastante bien, no crees?
Aunque cueste creerlo, todos podemos sentirnos así siempre que estemos dispuestos a hacer lo necesario para conseguirlo.
Muchas veces lo que hay que hacer es solo poner atención a la calidad de lo que nos ponemos en la boca en cada comida. Tan sencillo como eso, a pesar de que mucha gente parece ignorarlo.
El hecho es que muchas de las cosas que la gente se pone en la boca son de poca calidad, sin vitaminas ni minerales, llenas de productos químicos y muy calóricas y no ayudan a mejorar la salud, todo lo contrario, influyen negativamente.


Recuerda que “células sanas = cuerpo sano”

Es hora de eliminar todo aquello que hasta ahora te ha impedido verte y sentirte bien y rendir al máximo.
¡Adelante!


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