Si quieres mantenerte sano y joven, no comas más de 3 veces al día.

Pero ¿por qué?, muy sencillo: cuando comemos, nuestro organismo inicia la actividad del sistema parasimpático (aquel sistema que modula la digestión y el sueño, en contrapartida del sistema simpático que modula las situaciones de estrés) llevando una mayor cantidad de sangre hacia el aparato digestivo con tal de favorecer una óptima reabsorción de nutrientes y así almacenar energía.

O sea, que nuestro cuerpo se vuelca en este proceso ya que tiene que ver con asegurarnos nuestra supervivencia.
Debemos saber que en ese momento nuestro organismo jamás se va a dedicar a regenerar ningún otro órgano ni va a destinar energía en generar ningún proceso de desintoxicación. No lo hace porque simplemente en ese momento hay cosas más importantes que hacer como almacenar energía.
Cuantas menos veces comes, menos envejeces



Mayores niveles de BDNF (Brain-derived neurotrophic factor), proteína relacionada con la regeneración del sistema nervioso o mayor presencia de SIRT, proteína relacionada con mecanismos de antienvejecimiento y antiinflamatorios, van a estar presentes en momentos en los que no comemos, ni hacemos digestiones.
Evolutivamente estamos diseñados para comer todo lo que podamos cuando hay comida para que después se activen todos los sistemas de regeneración y supervivencia cuando no la hay.
Aquello que impacta negativamente en nuestra salud no es la cantidad de comida que nos comamos cuando toque, sino la frecuencia en que lo hacemos. Si comemos cada dos o tres horas, el problema es que nuestro pobre aparato digestivo se tira todo el día haciendo digestiones. Porque da igual que entre poco, la cuestión es que el cuerpo tiene que interrumpir todo lo que está haciendo y centrarse en digerir. De esta forma, impedimos la posibilidad de activar los procesos de antienvejecimiento y, por tanto, podemos afirmar que comer de una forma constante nos envejece.
Sacíate, pero de comida de calidad


Comer comida de verdad (no alimentos procesados y con alto contenido de azúcar o harinas refinadas) es el estilo nutritivo que nos va a permitir controlar el hambre de forma òptima, porque…:
– Los carbohidratos que se ingieren (verdura, fruta y tubérculos) son de baja carga glicémica y no presentan disruptores endocrinos (gluten y lectinas de los cerales) que puedan perturbar nuestro ritmo de hambre-saciedad.
– Las grasas que encontramos en el pescado azul, la carne de calidad, el aguacate, el aceite de oliva, el coco, nueces de macadamia crudas… son claves para generarnos una óptima sensación de saciedad.
Enemigos principales:


El carbohidrato refinado: ataca generando hambre química, que es muy engañosa. Comer pan, pasta, arroz o azúcares te produce una saciedad momentánea pero a las pocas horas necesitas picar algo más. Esa forma de llenarnos en picos glucémicos nos obliga a necesitar comer a todas horas del día, pero no tienes hambre real, sólo te apetece picotear para calmar tus ansias y todos los picos en esta vida significan desequilibrio. Ahí nuestro circuito de recompensa se vuelve loco porque no obtienes un equilibrio energético ni en tu metabolismo ni en tu sistema nervioso central.
Si quieres picar, fruta


Es habitual que, en el proceso de transición de cinco a tres comidas, al día sea imposible resistir sin comer nada a media mañana o a media tarde. Si te aparece el hambre ahí y no puedes aguantar, toma algo de fruta ya que es con lo que le vas a generarle menos trabajo a tu aparto digestivo. De la misma forma, si tienes algún bajón en una de las tres comidas y con la fruta no tienes bastante, puedes comer chocolate a partir de 75% de cacao o miel de calidad. Conforme vayas integrando esta forma de comer, verás como comer tres veces al día ya no supone ningún esfuerzo, al contrario es lo que tu cuerpo te pide.
Incluso conforme vayas avanzando es posible que decidas saltarte alguna de las tres comidas del día ya sea por falta de tiempo o porque lo que hay para comer no te apetece. Al hecho de saltarte alguna de las comidas del día se le conoce como intermitent fasting (ayuno intermitente) y es justo en estos momentos donde se observan mayores niveles de las proteínas BDNF o SIRT que ya conoces.

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Artículo original: http://summitpaleo.com/circuito-de-la-recompensa-iv-parte/